viernes, 28 de marzo de 2025

La poesía jamás te olvidará - Elvira Sastre

 

Te he vuelto a ver desnuda

y se me han corrido los ojos de pena.

Debí borrar aquellas fotos

el día que te olvidé,

¿pero quién sabe cómo deshacerse

del rastro de una estrella fugaz

cuando ya te ha mirado a los ojos?

Uno es preso de todo lo que ha amado

porque el amor es una condena de cadena perpetua

en una cárcel sin rejas.

 

Estabas preciosa vestida de nada.

Solo eres verdad cuando eres silencio,

cuando eres paz y calma

y te pintas de blanco el pelo para mí.

Hubiera jurado que fuiste real

cuando te vi llorar por mí,

cuando temblaste de miedo por mí,

cuando te descubriste besándome a mí.

Nada me asusta más que pensar

que quizá solo existieras en mi cabeza.

 

Ojalá entendieras lo sola que me siento

cuando te pienso,

como si cargara con una tristeza que no me corresponde

y has hecho tuya

—ya ni mi pena es mía—.

Te empeñaste en ser la protagonista de mi vida

aunque fueras la mala,

no me quiero por haberte creado

aunque definas parte de mi historia.

Te regalo mi atención,

si es lo que quieres,

pero baja ya el puto telón

y deja que corte mi cabeza.

No hay nada más triste

que querer hacer un best-seller

de un libro solo para dos

ni una película rodada para un único espectador.

O quizá sí,

quizá sea más triste el silencio

cuando no es forzado.

 

Apareces cuando me quedo a solas

conmigo misma,

en ese infierno en el que la soledad

es una multitud de gente y ruido

y alguien llora al otro lado de la pared,

y entre la tentación de odiarte

o abandonarme a lo que depare tu recuerdo

—con suerte un suspiro,

sin ella un poema—

aprieto los dientes con fuerza

y dejo que pases,

como un dolor momentáneo,

como un golpe seco y certero,

como una palabra mal dicha

y a destiempo,

como las horas el peor día de tu vida:

sin remedio, con esfuerzo

y sin darle importancia.

 

Hay sueños

que son la estela de un deseo constante

y otros que reflejan anhelos secretos

y son casi pesadillas.

Adivina en cuáles sales tú.

 

No he superado este dolor

porque aún no he desaprendido

el placer de mis heridas.

El día que deje de escribir

y alguien me aplauda

sabré que existe la inocencia.

 

No te creas dueña y señora

de mi tristeza:

solo aquel que posee algo es capaz de liberarlo,

y hace ya demasiadas palabras

que sé que eres un motivo pero no la causa

—esa gran diferencia

que tan poca gente entiende—.

Un día me salvaré y el cielo caerá sobre mi cabeza.

Me siento mejor así,

de veras,

no te entristezcas y te vuelvas una nube gris por ello.

 

Tengo que aprender a llorar mejor,

olvidar la vida que no pasa,

volver a casa

y dejar que me noten ausente,

deshacerme de las armas

que coloqué hace un tiempo en un lado de la cama

y besar en la boca a la calma.

Escúchame:

mi bandera blanca es mi piel desnuda

y hace tiempo que no paso frío.

Quien me conoce sabe que no es fácil hacerlo:

por eso la mayoría huye al principio,

por eso los pocos que lo consiguen se quedan para siempre.

No dejo sin casa

a aquel que llega a mí atravesando bosques de lenguas extintas.

 

Tengo, del mismo modo,

que confesarte de una manera dulce

que te he olvidado,

que tus fotos son una caricia del pasado

pero en mi mañana ya no te miro,

que he aprendido que recordarte

no es más que un beso a mi herida

para que no se sienta tan sola

como yo cuando me la hiciste,

que aquí hace tiempo que ya es primavera

aunque haya días de tormentas torrenciales

pero mírame: he aprendido a bailar

—quién lo diría, amor,

con esta vida que llevo tan llena de tropiezos—.

No sé dónde estás

pero sé que en el lugar que sea

estarás orgullosa de mí por olvidarte.

 

Te he olvidado,

amor roto.

 

Pero no tengas miedo

a que nadie te recuerde:

la poesía jamás te olvidará.

 



Elvira Sastre (1992)

Poeta española

https://elvirasastre.net/poemas

📷 Fotografía de la poeta

tomada de Internet

(ante cualquier advertencia

será retirada de inmediato)


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